Reseña histórica
Una unidad nacida donde la vida pide una segunda oportunidad
La historia de la UCI del Hospital Regional Docente de Trujillo no empieza únicamente el día de su fundación. Empieza antes, en una pregunta urgente: ¿quién sostiene al paciente cuando la vida se vuelve frágil, cuando cada minuto pesa y cada decisión puede abrir una nueva oportunidad?
El hospital que la alberga nació con vocación de servicio regional y de escuela. El HRDT inició su construcción en 1961, fue inaugurado el 29 de mayo de 1963 y abrió sus puertas a la comunidad el 18 de diciembre de ese mismo año. Desde entonces, sus pasillos reunieron ciencia, aprendizaje y necesidad pública; un lugar al que La Libertad empezó a mirar cuando la enfermedad requería manos expertas y respuestas de mayor complejidad.
En ese camino, el 15 de agosto de 2001 se abrió una puerta decisiva: nació la Unidad de Cuidados Intensivos. Desde entonces, la UCI se convirtió en un territorio de vigilancia permanente, donde el silencio de la madrugada también es trabajo, donde un monitor puede anunciar peligro y donde un equipo entero aprende a leer señales mínimas para defender una vida. Allí conviven ventilación mecánica, monitoreo continuo, manejo hemodinámico y procedimientos de alta complejidad con algo igual de importante: presencia, criterio y humanidad.
A sus camas llegan pacientes neuroquirúrgicos, coronarios, politraumatizados, posquirúrgicos complejos, quemados, inmunodeprimidos e infectocontagiosos. Llegan historias interrumpidas: familias esperando una noticia, cuerpos luchando por respirar, profesionales calculando, ajustando, acompañando. La UCI es una forma de estar alerta cuando otros descansan, una disciplina que exige precisión técnica y temple humano.
Su crecimiento acompaña la evolución del propio hospital. La categoría III-1, la docencia universitaria, el fortalecimiento de Emergencia y Cuidados Críticos, la ampliación de infraestructura y la disponibilidad de oxígeno medicinal fueron dando soporte a una práctica cada vez más exigente. En 2008, el traslado y ampliación de la UCI fortalecieron su capacidad operativa; con el tiempo, sus trece camas se convirtieron en un recurso estratégico para pacientes del HRDT y para quienes llegan referidos desde otros establecimientos.
La pandemia por COVID-19 mostró, con una dureza imposible de olvidar, lo que una UCI significa para una región. Faltaron camas, sobraron temores, el oxígeno se volvió esperanza concreta y cada turno exigió más de lo habitual. También se reveló la fuerza del equipo: médicos, enfermeras, técnicos y personal de apoyo sosteniendo procesos, cuidando flujos, protegiéndose entre sí y defendiendo cada cama crítica como un bien público. Esa etapa quedó en memoria, aprendizaje y una manera más profunda de entender la responsabilidad.
A veinticinco años de su fundación, la UCI HRDT celebra mucho más que permanencia. Celebra oficio, docencia, noches de guardia, decisiones difíciles, pacientes que volvieron a casa y familias que encontraron respuesta. El XI Curso Taller Internacional y las actividades conmemorativas de 2026 son una forma de mirar atrás con gratitud y hacia adelante con responsabilidad: por una UCI más preparada, más humana y más conectada con la medicina crítica latinoamericana.